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martes, 29 de marzo de 2016

Islas flotantes



La historia de las islas flotantes es tan antigua y misteriosa, que no se sabe realmente de dónde viene. Una historia de marineros y viajeros tan sublime como los libros sagrados y que es nombrada en varias ocasiones en las Sagas de Islandia o en los escritos de Allan Poe. De islas flotantes también se ha hablado en Grecia, en Italia, en Terranova de Canadá, en Groenlandia, en Islandia y Escocia. Incluso en películas recientes, como Avatar.

A estas mismas islas se les ha nombrado como las Islas de las Hadas y en Irlanda existen historias de las islas flotantes y de países aéreos de las hadas. Historias tan bellas como la nación Tir Nan Og, que existe en los mundos paralelos, la tierra en la que nunca pasan los años.

Existen en las narraciones dos tipos de islas flotantes, aquellas que flotan en el aire y sobre el mar, y las evanescentes, que son aquellas que se encuentran en el agua, pero que aparecen y desaparecen súbitamente.

¿Realmente existen las islas flotantes? Para los maestros conscientes no tienen ningún misterio, pues en la dimensión astral es la modalidad en la que se encuentran los templos sagrados, siempre elevados del suelo, a varios kilómetros de la superficie, como está parte de la Shamballa en el desierto de Gobi entre China y Mongolia; como están algunos templos de la selva amazónica en Perú, Colombia, Venezuela y Brasil; como se encuentran algunos en México y Guatemala, mucho antes de la aparición de los mayas; y como están algunos en la isla de Baffin en Canadá, o en frente de las costas de Tasilaq en Groenlandia.

Las islas flotantes están muy relacionadas con los polos. En el Polo Norte están las historias de las islas circulares en torno a la gran entrada del cielo, de donde nacen las crónicas del Padre Navidad, al norte de las islas rusas de Francisco José y en el Polo Sur, en la Antártida, existe la misma historia, al sur de la tierra de la reina Maud, entonces, se habla de la Tierra de las Custodias, de las islas en aros flotantes, elevadas sobre los vórtices polares.

La mayoría de narraciones que hablan de las islas flotantes, como los relatos auxiliares de la Edda vikinga, están escritos en código o clave, pues en épocas pasadas era realmente peligroso hablar de ciertos temas, existían poderes religiosos siniestros que agredían a la gente que pensaba distinto. Afortunadamente, ahora las cosas han cambiado y hablar de estos temas resulta más fácil.

Para la mayoría, las islas flotantes están relacionadas con el mar, pero, a diferencia de muchas creencias, las islas están realmente fijas en un lugar específico, no se trasladan, al igual que en nuestra tercera dimensión. Son pequeñas áreas de apariencia física, que están suspendidas en el espacio de manera permanente y regidas por las leyes de la dimensión del tiempo. Pueden ser tan visibles o invisibles como el nivel de conciencia que pueda tener el posible observador. Para un clarividente, por ejemplo, la observación del fenómeno es algo normal.

Las islas flotantes son un tema bellísimo que está relacionado con la Atlántida, con los escritos de Platón. Son, de hecho, las mismas Islas de las Siete Ciudades que los exploradores buscaban en el siglo XVII y a las que denominaron Mayda y Paititi en el Atlántico. Cristóbal Colón recibió referencias de las islas flotantes por los árabes y los hindúes en las copias de los mapas de Piris Reis, y en ellos tenían ubicadas las islas con sus respectivos nombres.

En este tema hay mucha historia, están los “horizontes invisibles” de Vincent Gaddis, está la octava isla canaria de Brandán, o los espacios de acceso al tiempo de Peter Pan, tomados en el concepto de su creador James Barrie de las Sagas de la Tierra del Hielo, y de los cuentos sobrenaturales de la Escocia antigua. Es un tema hermoso de la Edda, de las hadas, de las entradas al mundo invisible, de la hiperbórea y, sobre todo, de la misión espiritual humana.


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