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jueves, 5 de enero de 2017

Los padres en la actualidad



Vivimos en una época muy complicada, en la que es cada vez más común ver familias en crisis y parejas divorciadas; en la que el matrimonio, simplemente, ha pasado de moda.

Esto se debe principalmente a que hoy las personas se sienten atraídas por encantos físicos pasajeros y tan alta es la energía y atracción física en un principio, que descuidan los aspectos más profundos y espirituales. Todo lo superficial es efímero y, una vez se desvanecen los encantos físicos, la relación se acaba, pues las dos personas nunca fueron realmente amigos o compañeros, simplemente, objetos de deseo.

Entonces, observamos divorcios llenos de resentimientos, en los que es muy normal que el padre se aleje de sus hijos, ya que los siente ajenos, y la madre vive llena de tristeza, amargura o enojo.

La otra situación que suele pasar es que la pareja siga junta, a pesar de no sentir amor el uno por el otro, y por esto el matrimonio se llena de amargura, que se traduce en alcohol, violencia, infidelidad o indiferencia. Desafortunadamente, todos estos comportamientos, así no queramos, son transmitidos a los hijos y, consciente o inconscientemente, los inducimos a cometer las mismas faltas, llevándolos a extremos emocionales y mentales.

Los hijos reciben de sus padres un ejemplo devastador, lleno de irresponsabilidad, descaro, impunidad, vicio, arbitrariedad, maltrato, indiferencia, violencia y engaño. Cuando el niño tiene una personalidad fuerte, esto no lo afecta y crea una barrera de rechazo, pero el gran problema es que la mayoría sí se ve afectada por esta amargura del matrimonio infeliz y resulta teniendo el mismo comportamiento que vieron en sus padres.

Pero ¿cómo son los padres ideales? Su verdadera función es ayudar a la iluminación de sus hijos a través de estímulos y ejemplos. Su papel es guiar a los hijos dentro de la espiritualidad para que logren desarrollarse en sus habilidades, destrezas y verdadera vocación.

La disciplina es clave para este proceso, pero esta no se aprende con violencia o presión emocional, sino con paciencia, ejemplo constante, dedicación, insistencia, madurez y, sobre todo, con mucho amor.



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