Writen by
Hilda Strauss
8 years ago
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Es increíble cómo debajo de las más enigmáticas y
magníficas construcciones de nuestra historia existe todo un mundo subterráneo
que prácticamente desconocemos.
Este es el caso de las pirámides, de la esfinge egipcia,
de las catedrales y grandes templos; y en el futuro se descubrirán aún más en
lugares tan maravillosos como Tiahuanaco, Stonehenge, Chichén Itzá y Angkor
Vat.
Uno de estos lugares que no ha sido descubierto ni en su
décima parte, es el grandioso mundo de pasadizos y cámaras que se encuentra
bajo la gran ciudad de Jerusalén. Recordemos que hace más de tres mil años,
donde hoy se encuentra esta ciudad israelí, yacía el espléndido templo de
Salomón. Esta maravillosa construcción contaba con una extensión y una riqueza
inigualables, con pasajes, columnas y jardines supremamente elaborados y
bellos. Desafortunadamente, por diversas circunstancias de la historia, el
templo sufrió grandes cambios y fue desapareciendo con los años; de él sólo
queda el Muro de las Lamentaciones, un muro exterior de uno de los patios del
monumental templo.
Afortunadamente, el mundo subterráneo de esta zona no
cambió, el intrincado sistema de corredores subterráneos sigue presente hasta
la fecha y este será uno de los más grandes descubrimientos que se dará en el
futuro.
Al día de hoy existen muchos túneles que han sido
descubiertos, pero es una mínima parte. Entre ellos, se encuentran las
conocidas “canteras del rey Salomón”, “El salón de las épocas”, “El salón de
Damasco”, las catacumbas del rey Sedequías, el túnel de Ezequías, el gran
pasadizo del muro occidental y los túneles de las laderas del Muro de los
Lamentos. Todos estos túneles están comunicados, todos pertenecen a una red
impresionante de pasadizos secretos, entre los que hay salones y salas;
construcciones viejísimas. Muchos creen que existen más misterios dentro de
estas construcciones y afirman que en ellas se han guardado tesoros de todas
las épocas, tratando de salvaguardarlos de guerras y conflictos.
Hoy, Jerusalén no pertenece a un solo grupo, existen
varias religiones que tienen regencia sobre sus terrenos, por lo que hacer
excavaciones o investigaciones se ha vuelto muy complicado. Aunque aún no se
sepa, y muchos afirmen lo contrario, debajo de la roca que está protegida por
la dorada Mezquita de la Cúpula, que es el sitio exacto del Sancta Sanctorum,
existe una cámara gigante aún no descubierta. Los viejos judíos la conocían
como el “Centro de la cantera de David”, que se encuentra rodeada por pasadizos,
también secretos, muchos de los cuales desembocan fuera de la ciudad. Era por
estos corredores que se salvaban un sinnúmero de tesoros, pero aún hay muchos
otros que permanecen allí guardados.
Otro
factor interesante, es la tensión que se vive por estas excavaciones, porque
para los judíos, como para musulmanes y personas de otras religiones, los
sitios sagrados del templo y de lo que hoy es la explanada de las mezquitas es
de gran importancia para el final de los tiempos, para las historias
apocalípticas.
Hace
muchas décadas, los encargados más fervorosos de descifrar los misterios debajo
de Jerusalén, eran los masones. Se sabe que muchos túneles se conocían desde la
Antigüedad, en tiempos anteriores a Jesús, pero fueron ellos quienes, con
dedicación, descubrieron poco a poco los pasadizos más secretos y las cámaras
selladas. Uno de los fundadores de la logia masónica de Jerusalén, el señor
Charles Warren, caminó por cientos de túneles debajo de Jerusalén a finales del
siglo XIX y principios del siglo XX, y fue la base para muchas de las
excavaciones.
Existen
historias que no han sido reveladas y que han ocurrido en los últimos 35 años,
como es el descubrimiento de dos pasajes que llevan a la cúpula de la roca; su
hallazgo fue importantísimo, pero significó problemas con las otras religiones.
Para dar un ejemplo, en el momento en el que los judíos abrieron el túnel del
Muro de las Lamentaciones, ese día de la autorización murieron casi cien personas
en el conflicto.
Este
es un tema muy interesante y seguiremos ahondando en él.
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